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Los amantes de la ópera despiden a Speight Jenkins

Speight Jenkins es lo que a simple vista podríamos llamar en castellano paladín “un hombrecillo”; no tiene un gran porte y quizás sí algo de chepa.

El sábado pasado, al acabar la última función de esta temporada operística con los Cuentos de Hoffmann, acababa también una singladura de más de 30 años al servicio de la ópera de Seattle como director. Grandes producciones han recalado aquí gracias a sus gestiones y por qué no, carisma. En agosto hay previsto un homenaje a su figura, pero sin duda la gran sorpresa se la llevó él mismo cuando al acabar la función el abarrotado teatro se puso en pie y emotivamente le aplaudió en reconocimiento al tremendo trabajo realizado estos años para que hoy Seattle se haya convertido en destino mundial de las mejores producciones operísticas.

Gracias Mr. Jenkins

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